lunes, 16 de mayo de 2016

La pequeña princesa

Bueno, como se supone que hoy tenía libranza en el trabajo y he ido por error, aquí estoy, de vuelta en mi casa así que vamos a sacar algo productivo de esta hora que me queda...
Hace unos días intenté escribir algo pero no hubo forma. Estaba muy poco inspirada y hasta me enfade porque no me salían las palabras. Hoy no es que lo esté mucho, de hecho, hace ya algún tiempo que no lo estoy...han pasado algunas cosas que me quitan un poco la paz y digo yo que influirá algo...Pero bueno, como no quiero ser monotemática como siempre os voy a contar una historia...vosotros juzgareis si os gusta o no.

 
 
 
Erase una vez que vivía una princesa en su castillo.
Era un castillo poco convencional, pero a ella le gustaba.
 Y lo que más le gustaba era cuando iba a visitarla al castillo su príncipe azul.
Los dos eran muy felices y se amaban mucho pero un día al príncipe le sucedió algo. Algo terrible.
Se contagió de una enfermedad horrible que no le dejaba pensar y que alejaba de su lado a sus seres queridos.
Y, como era de esperar, abandonó a su princesa.
Ésta estaba muy pero que muy triste y no sabía como curar a su amado.
De veras que lo intentó todo. Pero nada daba resultado.
Un día, un día maravilloso, el príncipe parecía haber recobrado la salud, pero duró poco, ya que a los tres días, enfermó de nuevo.
La princesa, desesperada, no hacía más que alimentar la llama de su esperanza, confinado en que un día todo se arreglaría. Y le seguía regalando su amor y su cariño sin condiciones.
Y así siguieron, con días lucidos de la enfermedad del príncipe y días nublosos, pero allí estaba ella, al pie del cañón.
Resultó que un día, uno en los que el príncipe tenía las defensas más bajas, llegó una princesa de un reino lejano.
Pero en realidad, no era ninguna princesa, sino una horrible bruja bajo la apariencia de una doncella.
Y sólo quería secuestrar al príncipe para sí y alejarlo de su amada, de la persona en el mundo que más lo quería, que más lo comprendía y ayudaba.
Y lo consiguió.
 Tras la desgracia, nuestra princesa no cesó en su empeño de rescatar al príncipe, pero todo era en vano. El hechizo era fuerte durante el día y el único momento en el que el príncipe pensaba con lucidez  era durante la noche, donde a veces, el príncipe conseguía escapar de su cárcel mansión e iba a visitar a su querida princesa y le decía que la amaba, y realmente lo hacía.
La princesa, no sabía cuanto más podrían acompañarla sus fuerzas, ya que su corazón empezaba a latir muy despacito y ya sabéis lo que pasa cuando el corazón cada vez late más despacio...que llega un momento en el que deja de hacerlo.
Un día nuestra protagonista decidió hablar muy en serio con su príncipe y pedirle que intentara escapar con todas sus fuerzas para que pudieran estar juntos y volver a ser felices, empezar de cero...pero éste se había vuelto algo egoísta y comodón a consecuencia del terrible hechizo y no sabía de donde sacar el valor y la fortaleza para escapar de verdad de su hechizo.
 
Así que la princesa, con todo el dolor de su corazón, dejó de insistir.
Había dejado de ser feliz, no era ella misma, y aunque se moría por seguir manteniendo esa pequeña esperanza de amor que les quedaba, dejó de hacerlo.
Si el príncipe la amaba de verdad, lograría la forma de romper su hechizo, ya que nadie más podía hacerlo.
Mientras nuestro príncipe reunía el coraje para romper las cadenas de su cárcel, la princesa conoció a un joven aldeano que moraba cerca de su bonito castillo.
Tenía un hermoso caballo y de vez en cuando la iba a visitar al balcón de sus aposentos para cantarle sonetos.
La princesa, aún pensaba en su príncipe, no os lo negaré, pero cada vez le costaba menos asumir la triste realidad.
Y poco a poco, dejó que el joven aldeano recompusiera su muy lastimado corazón.
 
Si os soy sincera, no sé dónde está ahora el príncipe, y ni si sigue intentando romper el hechizo que tanto mal le está causando.
Lo que sí sé, es que si en algún momento lo lograra, acudiría corriendo a los brazos de su princesa, de su reina, de su amada, de su felicidad.
Él sabía dónde encontrarla.
Pero antes debía darse cuneta por sí mismo y marcharse unos días para aclarar su cabeza.
Se iría a tierras muy, muy lejanas, tanto que debía aprender una lengua nueva allí a dónde iba y así, ponerlo todo en orden. Porque el sabía que al regresar, solo querría ver a una persona que la estrechase en sus brazos y le diera la dosis de amor verdadero que tanto tiempo llevaba buscado.
Pero mientras esto sucedía, o no sucedía, la princesa también tomó decisiones y se iba dejando querer, dejaba que el apuesto aldeano le demostrara con hechos su amor hacía ella, mientras iba borrando así el recuerdo del tan amado príncipe.
 
 
Aún no he descubierto el final, y realmente no sé si quiero saberlo, al menos por ahora.
Sólo sé que a la princesa le había quedado claro que su tan apreciado príncipe, no era tan valiente como se pensaba y que para él, el amor que ambos se profesaban, no era razón suficiente para escapar de su prisión.
Y aquello era lo que la rompía por dentro.
Ver como se amaban, como se necesitaban, como se buscaban y no estaban juntos.
Así que sólo el destino sabrá lo que sucederá de aquí en adelante en la vida de nuestra pequeña princesa.   
   



jueves, 21 de enero de 2016

Sin sentido

Debería estar estudiando, lo sé.
Pero ya no podía más.
Llega un punto en tu vida en el que debes plantearte si seguir o abandonar la carrera. 
Supongo que a todos nos ha pasado eso de sentir que nada tiene razón de ser...que nos hemos preguntado si vale la pena continuar corriendo. Porque son tantas cosas que nos impiden avanzar que uno se plantea realmente por qué lo hace.
Ahora estoy aquí, en la facultad de derecho, sin saber cuál va a ser la razón que me empuje a seguir. Busco a una persona en particular pero no aparece y no va a aparecer y aunque apareciera, debo seguir por mi misma. Me lo debo. 
No sé si esto tiene algún sentido. Me dijeron que luchara por aquello que quería. Pero nadie me advirtió de que si lo que quieres, no te está buscado a ti, de nada sirve intentarlo. 
A veces confiar a ciegas en el destino, en Dios, como quieras llamarlo, cuesta mucho.
Se que debo seguir la carrera, no por nadie en concreto sino por mi. Debo seguir, aunque ahora cueste. 
Dicen que las cosas que se logran con esfuerzo y sacrificio valen la pena.
O quizás sólo lo dicen para subirte la moral o quizás tienen razón. Ya no lo sé.
Creo que desvarío. No sé cuál era el sentido de esto, pero ya he logrado quitarme las ganas o de llorar o todo lo contrario.











Me gustaría tanto preguntarte cómo estás, como te van los exámenes...pero no puedo. Necesito saber si realmente me quieres, y aunque me esté costando la vida, no voy a hacerlo. Pero te echo tanto de menos...
Ojalá algún día pueda olvidarme de ti o algún día volvamos a ser felices juntos.
Lo veo tan lejano todo...
Bueno, lo dejo ya
Adiós. 

sábado, 16 de enero de 2016

Lagrimitas de cristal un, dos

Sabiendo que nadie, o prácticamente nadie va a leer esto, hoy quiero decir sólo una cosa.
Loli se preocupa mucho por no saber qué decir cuando me ve mal o cuando la abrazo buscando consuelo...pero lo que ella no sabe todavía es que la mayoría de las veces sobran las palabras.
Que solo con su abrazo es suficiente, que sólo con estar ahí vale.
Que a veces buscamos las palabras perfectas cuando lo que hace falta es solo dejar el hombro para que el otro se recueste en el y llore.
Y sólo eso.
Llorar.
Porque llorando, se desahoga el alma.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Sencillamente tú

Vuelves a revolotear por mi cabeza, vuelves a hacer que las mariposas que duermen en mi estomago despierten de nuevo, vuelves a darme el calor que me hace sentir en casa, vuelves a resucitar la alegría de mi corazón, vuelves a darle sentido a mi vida, y a hacerme feliz. Te atreves a cogerme la mano, y con ese gesto y sin quererlo me dices que me sostendrás toda la vida.

Y así, nos dejamos llevar por los impulsos que nos han llevado al hoy, a un día en el que sabemos que no habrá más siestas, ni más besos, ni más caricias, ni más abrazos, ni más risas, ni más pelis, ni más nada. Desde hoy y hasta que Dios quiera, dejaremos de vernos, de mirarnos a los ojos y sentirnos bien viéndonos el uno en el reflejo del otro. Desde hoy, no habrá más NoMenciones, ni más guasaps, ni más notas de amor, ni más sonrisas sinceras en las que solo sé pensar en lo guapo que eres…desde hoy no queda nada.

Pero no estoy triste, ha sido una buena despedida. Hasta ahora, la mejor de todas las que hemos tenido, ¿no?

Bueno, sea como fuere, ahora le toca al destino jugar, y poner a cada uno en su lugar. Si tenemos que estar juntos, lo estaremos y si no, que te vaya bien, pequeño. Si algún día necesitas mi ayuda, “dame un silbidito” y acudiré a tu lado a darte un abrazo y a solucionar todos los problemas de tu mundo con un donuts y un beso (en la mejilla).
Pero no tardes mucho en necesitarme, porque ya sabes cómo soy, puedo esperar, pero no eternamente, y ya he esperado algún tiempo. Si me aseguraras tu regreso no me importaría esperarte hasta el final del mundo, pero no lo has hecho, y eso, sintiéndolo mucho, limita el tiempo. Solo quedan unas semanas para Navidad y yo no sé lo que Dios tendrá pensado para mí, pero no voy a perderme nada por seguir esperando a alguien que no sabe aún lo que quiere. Empezará el año nuevo y mil cosas nuevas me esperan tras las campanadas. Si quieres descubrirlas conmigo, ven y quédate siempre a mi lado.
Si necesitabas una señal, la tuviste en su momento, pero cuando alguien no quiere ver las cosas no las ve ni aunque las tenga en frente, así que si quieres seguir esperando, puedes pasarte la vida haciéndolo, pero la vida no espera por nadie. Ahora te tocará decidir a ti, si eliges vivir o si eliges “tirar”. No voy a juzgarte por tu elección, pero ojalá elijas vivir y sentir. Y ojalá elijas ser el León de mi vida para ser felices de nuevo juntos y visitar todo el mundo de la mano.



Podría seguir indefinidamente dándote razones de por qué debemos estar juntos, pero ya no voy a seguir haciéndolo, y ya no voy a seguir alimentando el amor que te tengo. Dejaré que se extinga, y poco a poco, dejarte de amarte hasta volver a ser feliz sin ti.


martes, 20 de octubre de 2015

Héroes

¿Qué os ha venido a la mente con este título?

Seguro que ya os hacéis una idea sobre de que va a ir esto…

Solo espero que nadie haya pensado en ese tipo de “Héroes famosos” como lo pueden ser en deportes Leo Messi o Cristiano Ronaldo, Rafa Nadal, Pau Gasol, Alonso, Pedrosa o yo que sé, porque sí, vale, hacen muy bien su trabajo, pero no son el tipo de héroes sobre los que yo escribiría.

Puede que a alguno se le venga a la mente al oír héroe a Nelson Mandela o a Martin Luther King, Gandhi o a Juan Pablo II o a la Madre Teresa de Calcuta. Personas que cambiaron la historia de la humanidad, personas que serán recordadas para siempre por sus hazañas, por sus palabras, por sus actos, por su ejemplo. La historia siempre los recordará y como consecuencia, el mundo entero. Personas maravillosas que se dejaron la vida por ayudar a los demás, personas ejemplares y fantásticas.

Pero seguro que también conocéis a ese vecino del cuarto, que se levanta todos los días a las cinco de la mañana para ir a trabajar y  poder así cuidar de su familia , o a ese amigo que tiene a un hermano en silla de ruedas y se desvive por ayudarlo o a esa chica de clase de la que te enteraste el otro día que trabaja más horas que tu y aún así no se queja y llega a todo o a esa persona que vemos todos los días de camino al trabajo que siempre sonríe. Seguro que todos conocemos a alguien que encaje en ese perfil o parecido. Pues os diré algo que he ido aprendiendo con los años, que esos son los verdaderos héroes. Esas son las personas que día a día con su sonrisa, con su trabajo, con su amor, hacen de este mundo un lugar mejor. Con esto no quiero decir que Martin Luther King o la Madre Teresa de Calcuta no sean héroes o no deban ser reconocidos, al contrario. Pero si quiero dejar claro que estas otras personas, las de nuestro día a día, son extraordinarias aunque no hagan “grandes cosas” aunque nadie nunca escriba sobre ellas ni salgan jamás en la tele, aunque solo las vayan a recordar sus hijos, sus nietos, y con suerte, los hijos de sus nietos. Estas son las personas por las que merece la pena seguir intentando, por las que aún vale la pena creer en la humanidad, porque chicos, sin esta gente, el mundo sería un lugar realmente triste y vacío.
Lo que se puede hacer con una sonrisa y que pocas veces sonreímos…Os propongo que, bueno mejor, os reto a  que hoy, mañana y siempre sonriáis. A ver si sois capaces de sonreír aunque por dentro estéis rotos, porque ahí, amigos, es cuando se demuestra la fuerza y el valor de las personas. Seguiría con este tema, pero ya escribiré otro día (porque creo que me estoy motivando con esto del blog,  aunque aún todo lo que hay sea un poco cutre).

Bueno, sigo. De quien quiero hablaros hoy es de una persona en concreto, de una persona muy valiente que siempre ha estado al servicio de sus seres queridos, que siempre ha sido el primero en ofrecerse a ayudar. Una persona que siempre escucha, te mira, asiente y con una simple frase resuelve todos tus problemas. Una persona trabajadora, generosa y con humor, algo que la mayoría de personas van perdiendo con la edad. Siempre está alegre, sonriendo y ocupado en algo, siempre está haciendo cosas. Pero siempre saca un hueco para ayudarte o simplemente para charlar contigo. ¡Y qué charla! Es lo mejor.

Pero por circunstancias de la vida, ahora está enfermo. Tiene cáncer. Realmente, no sé realmente  hasta qué punto de gravedad, pero la simple palabra asusta.

Sí, es duro. Saber que una de las personas más importantes de tu vida tiene esta maldita enfermedad.
Pero no quiero que os quedéis con eso, porque desde luego, es lo último que él querría que se supiera de él. Él ahora sigue luchando, sigue sonriendo para que su mujer, que después de él es la que más sufre, su hijo, sus nietos y toda su familia estén bien. Sigue con esa especial sensibilización para los corazones rotos, sigue atento a todo el mundo y lo más importante, sigue sonriendo.
Hoy hablaba con él por teléfono y su voz que siempre suena fuerte y despreocupada hoy sonaba débil y arrastrada, pero su esencia seguía. Sigue siendo el mismo, solo que ahora tiene que tirar de carro con las manos atadas, pero ahí sigue, fuerte y sonriendo para seguir alegrando la vida a sus seres queridos. Porque eso hacen los héroes. Hacen felices a los demás aunque ellos no estén en su mejor momento. Puede que ahora mismo no sea el más fuerte, pero te hace sentir fuerte saber que está “bien”. Puede que ahora mismo no sea el tío más gracioso del mundo, pero me ha vuelto hacer sonreír. No sé, creo que su actitud es ejemplar y que todos deberíamos ser un poco más héroes en nuestra vida real. A veces nos pensamos que hacen falta grandes cosas para serlo, pero creedme, en el momento oportuno, una sonrisa, una caricia, un abrazo, un guiño o un beso, pueden salvarte la vida.  




martes, 13 de octubre de 2015

Historia sin final

Esta es la historia de una chica que un día se enamoró.
Se enamoró de un chico que le hacía reír, soñar y sobre todo, le hacía feliz.
Pasaban los días y ella solo podía pensar en él, en lo feliz que era estando a su lado.
Y él igual.
Los dos eran felices juntos. La vida parecía color de rosa.
Hasta que un buen día, llegaron los problemas.
A ella todo le parecía mal y a él todo lo agobiaba.
Llegaron a tal punto que un día casi lo dejaron todo.
Pero no fue así.
Siguió pasando el tiempo y las cosas iban bien, pero no tan bien como antes.
Ella pensaba que no importaba, se conformaba con estar a su lado.
Pero se olvidó de que en el amor la palabra “conformarse” no existe.
Él empezó a dejar de ser el mismo y a hundirse en sus problemas.
Y ella no lo supo ver.
Hasta que un día, un día terrible, llegó un tren y se lo llevó.
Se lo llevó tan lejos que a ella le parecía que su alma se partía en mil pedazos.
Le pareció que todo su amor había dejado de existir….
Ella se dijo a si misma que estaba dispuesta a TODO con tal de recuperarlo, pero debía esperar…

Y ahora no os puedo contar el final de la historia, porque no lo sé.  Me encantaría poder escribir que ella se fue a buscarlo y lo encontró y nunca más volvieron a separarse, o que el regresó y empezaron de nuevo, pero no se cual es final, ni siquiera sé si tendrá un final. Ojala que acabe bien…
En cuanto lo tenga, y para eso me temo que falta mucho, os lo contaré.

No me importa esperar, sobre todo si es para un buen final ;) 

viernes, 3 de julio de 2015

Eterno verano

Verano…esa época del año que todo el mundo espera tanto, ese tiempo tan ansiado por todos tras la dura época de exámenes, de final de curso, de trabajo…para la mayoría la mejor estación que ofrece el año. Para la mayoría, pero no para mí. Para mí, son los dos peores meses del año porque me quitan lo que más quiero del mundo. Me  alejan mi principal motivo de felicidad, me traen la soledad a casa y eso hace que me quede como sin aire que respirar. No puedo evitar sentirme triste o nostálgica…todo me recuerda a ti…Hasta siento que mi vida carece de sentido si no estás tú para desordenar mis días, cabrearme por tonterías, pidiéndome besos cuando sabes que estoy enfadada y todas esas cosas que tanto odio de ti, pero que al mismo tiempo adoro.  Son esas cosas que hacían que mí día a día fuera algo maravilloso, algo mágico, algo tuyo y mío. Sólo nuestro. Y eso ahora no está. Por eso maldigo al verano, porque me separa un océano de ti. Y yo te necesito aquí, conmigo.
No quiero seguir escribiendo cosas tristes porque siento ganas de llorar y tú no lo querrías.

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Mientras escribo y como burdo intento de reprimir las lágrimas me pongo música y he ido directa a Sazam para descubrir que la mitad de las canciones las escuche en tu coche, yendo hacia mi casa o a Puerto Venecia o a Deloite con tus primos detrás. Y me es inevitable sonreír mientras te imagino al volante cantando todas esas canciones…
Uf…te echo de menos Fran
Cuento los días que me quedan para volver a abrazarte

Te quiero.